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Coro Marandú

Diario Hoy, 10 de julio de 1989, pág. 34 Arte y Espectáculos

Marandú y más...

El pasado viernes 30 de junio, a las 21 horas, en el templo de la parroquia San Roque, en Tacuary y Eligio Ayala, miraba hacia el espacio donde habitualmente se celebra la misa. Había desaparecido el altar y los objetos del ritual religioso. En los extremos de la plataforma donde el sacerdote oficia la misa, en sendos candelabros titilaban como lejanas estrellas en el firmamento, unos cirios encendidos, cuya iluminación se difundía en todo el templo como un romántico plenilunio. En el interior del templo no había otra luz.

Quienes habíamos llegado para asistir al concierto del coro Marandú permanecíamos espontáneamente silenciosos y expectantes en un agradable clima de concentración. Desde el fondo, llegaba "a capella" un canto rezado o si se quiere una oración cantada. Y fue invadiendo el templo una atmósfera de monasterio, donde el alma llegaba a experimentar una sensación de enternecimiento y un hálito de sugestionante religiosidad.

Exactamente, a la hora anunciada, se inició el concierto. El coro Marandú, como llegando de una procesión, desde la entrada al templo, comienza su canto "a capella" y marcha hacia la plataforma destinada al culto.

Los 25 integrantes fueron llegando disciplinada y ordenadamente, y ocuparon sus respectivos sitios. Y sucesivamente llegaron a interpretar los diez temas incluidos en la primera parte del programa. Son obras que pertenecen a la denominada "música artística superior" o "música erudita". Comienza con un "canto gregoriano" del siglo VI y concluye con la obra de Wolfgang Mozart del siglo XVIII. La segunda parte del programa incluye otros diez temas, que ya pertenecen a nuestro siglo. Son obras populares nacionales e internacionales. Comienza con "Así canta mi patria", de Lionel Enrique Lara y Florentín Giménez,y concluye con "Los pájaros perdidos", de M. Trejo y A. Piazzola.

El coro Marandú tiene un criterio muy coherente sobre su actividad que paso a paso está realizando. Primero, porque parte de una concepción totalizadora del arte, en la que sitúa la función del canto coral como "un aporte de educación hacia la sensibilidad estética y espiritual, en el deseo de afianzar el noble sentimiento de la fraternidad humana". Segundo, porque al fundamentar de este modo su orientación -el coro Marandú- "ofrece a los jóvenes una opción artística plena, una propuesta de desarrollo cultural". Tercero, porque así define una convicción en la que la organización de un grupo coral en nuestra sociedad debe jugar un rol mas fundamental para contribuir al perfeccionamiento de la sociedad en sus diversas posibilidades.

El coro Marandú nació el 28 de julio de 1985. Y en cada concierto, deja la señal de una superación conquistada en base a disciplina y la conciencia cada vez más cohesionada en el trabajo, que se rige por rigor del conocimiento y la sensibilidad artística aprovechada con firme sentimiento humano para o volcarla en el crisol de la unidad del grupo.

El concierto del coro Marandú patentiza un trabajo de equipo y el resultado artístico lleva el signo de la integración humana que impide el individualismo y la individualización. Se trata de un grupo donde se percibe que el artista está cimentado en una persona cuya opción por el arte no ha sido asumida como una mera evasión de la realidad, o mero afán de figuración, o simplemente por azar de llenar el propio vacío interior.

Jóvenes de tan excelentes cualidades humanas, artísticas y ciudadanas que lograron constituir un grupo coral que en poco tiempo llegaron a cumplir una digna trayectoria en nuestra sociedad, deben recibir todo el apoyo. El concierto del coro Marandú que se ha realizado en la parroquia San Roque, me atrevería a recomendar que se repita en otras parroquias. Y en los colegios secundarios. Y en las facultades. Y en las emisoras. Y en la televisión. Se ha llegado a sacrificar con excesiva inconciencia, las expresiones musicales de más nivel y proyección cultural, por la música comercial y política de circunstancia. La superficialización del arte musical conduce a la deshumanización, y en gran medida a la alienación. Por tanto, el espacio que existe para la libertad de expresión debe ser aprovechada para impulsar el florecimiento de las manifestaciones musicales que garanticen una jerarquización del arte y del artista en la música.

El coro Marandú es un grupo de jóvenes que con abnegado esfuerzo, puede ya cumplir esa noble misión. Acompañemos su emprendimiento.

Rudi Torga

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