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Coro Marandú

Diario Ultima Hora, 22 de diciembre de 1988, pág. 32 Espectáculos y Culturales

Alegría del canto coral

El pasado fín de semana, el Coro Marandú ofreció su recital de fin de año en el auditorio "Héctor Villa-Lobos" del Centro de Estudios Brasileños. Es una agrupación conocida e interesante surgida en los últimos tiempos en el campo de la música coral. En esta presentación, incluso, ofreció algunos elementos de ruptura dentro de lo que podría considerarse una actuación convencional de un grupo coral.

En el auditorio "Héctor Villa-Lobos" del Centro de Estudios Brasileños, el Coro Marandú ofreció su recital bajo la dirección del maestro Derliz Mereles. La sala a oscuras. Desde varios ángulos se desplazan voces y titilantes luces de velas que buscan unirse. Una vez sobre el escenario, se conforman en una unidad de armonías sonoras y rostros iluminados. Allí concluyen el "Ave María", de T.L. de Vitoria, y se encienden las luces de la escena.

Así comienza su concierto Marandú. Ya en plena luz, verificamos la juventud de sus componentes, el policromático vestuario en "degradé" que los uniforma y la inquietud emergente de sus juveniles ímpetus. Unificados, y esta vez con estática postura, entonan el "Ave Verum", de W.A. Mozart. Esto una vez concluido, nuevos desplazamientos que son acompañados por cambios de luces, y así sucesivamente, se va planteando el desarrollo de esta primera parte, con un repertorio altamente ecléctico y, eventualmente, el acompañamiento del solitario piano, que, alternativamente, ejecuta alguno de sus integrantes.

MOVIMIENTO VITAL

En la segunda parte -y esta vez con la vestimenta habitual y corriente de nuestros jóvenes (blue-jeans y championes)-, plantea Marandú nuevamente sus juegos de escena y de voces. Y del mismo modo que en la primera parte, se organiza esta secuencia final con idéntica heterogeneidad en la selección de su repertorio (música litúrgica, anónima, popular, de raíz folclórica, de zarzuelas, villancicos, etcétera).

Son jóvenes que cantan no solamente con la garganta, sino también con el cuerpo, a punto tal que creemos que en una postura tiesa serían incapaces de emitir sonidos. Esta disquisición es una simple fantasía que apunta a señalar la manera peculiar de Marandú para encarar esta cuestión del coro; manera que denota una nueva actitud frente al estatismo habitual de los coros tradicionales.

Siempre son interesantes los nuevos planteamientos que tienden a dinamizar y modificar esquemas rígidos y periclitados. En el caso particular de los coros, podríamos considerar como auspicioso en el afán de superar el acartonamiento recurrente que otorga habitualmente una tónica de seriedad y severidad y, que en algunos casos, puede llegar a significar aburrimiento. El concepto de "música seria", en muchos de los casos, resulta inexacto y a veces altamente incongruente. La música coral, exceptuando aquella dedicada a la liturgia, lleva implícita la alegría de compartir las voces y los sentimientos. El espíritu del canto coral es el espíritu comunitario por excelencia, y es justamente esa alegría del canto compartido en donde se logra afianzar el noble sentimiento de la fraternidad humana.

PROPUESTA Y CONCRECION

Si bien la propuesta resulta interesante, tal vez su concreción no lo fue tanto, debido a que en el aspecto musical todavía no se alcanzan niveles de óptima eficiencia técnica, aunque, a pesar de esta observación, consideramos que Marandú se halla bien encaminado en pos de sus excelencias potenciales. También es de destacar que ante un repertorio muy heterogéneo el nivel musical se manifiesta oscilante, sobre todo teniendo en cuenta que en el repertorio nacional no se cuenta con armonizaciones corales adecuadas para el lucimiento de las voces. En este terreno estamos aún con gran desventaja, dado que nuestro medio no registra arregladores o armonizadores con solvencia artística para esta tarea, y, consecuentemente, ante el trabajo de improvisados arregladores, son los coros los que llevan las de perder.

La otra parte que engloba la novedosa propuesta de Marandú está referida al planteamiento escénico, en el cual se combinan movimientos o desplazamientos en la escena acompañados con juego de luces. En esta caso, lamentablemente, las luces actuaron desfavorablemente y, en algunas ocasiones, resultaron muy deficientes debido a los conos de sombra proyectados que sumían a gran parte de los cantantes en la oscuridad y también a la falta de destaque oportuno en el caso de los cantantes solistas.

Sin embargo, es satisfactorio el resultado obtenido, pues permitió verificar un cambio de actitud frente a la sempiterna esclerosis habitual de los convencionales coros, en donde son notorios el gesto adusto, los rostros severos y muchas veces asustadizos, actitud que de por sí no garantiza una música mejor. Por ello nos sentimos congratulados ante esa avalancha de alegría que aquella noche llegó hasta nosotros, y consideramos que la motivación esencial del canto coral logró su cometido. El mensaje llegó a destino.

Aníbal Cardozo Ocampo

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